jueves, 27 de septiembre de 2012
La ciudad que no duerme
Buenos Aires tiene lo suyo. Es una de las ciudades más encantadoras del mundo. Claro, uno dirá qué pasa con París, Nueva York, Amsterdam, Viena. Bueno, hay gusto para cada cosa y lo mío es simplemente Buenos Aires. Porque tiene un no sé qué que me encanta. Y tiene algo que no me deja dormir. Me mantiene siempre alerta, despierta, noctámbula. Tengo delivery por todos lados. Los delivery en Recoleta son moneda corriente. Son lo que sobra y aquí no falta nada de nada. Porque hay para pedir de todo. Cualquier cosa, lo que a uno se le ocurra en cualquier ocasión. Comida de los tipos más variados, de todos lados del planeta. Comida Thai, comida china, salteña, norteña, tucumana, mendocina, pizzas, empanadas de las marcas clásicas, helado. Los postres, lo mejor. Es más acá a la vuelta tengo una heladería que trabaja las 24 horas. No cierra, es quiosco también. Especial para las noches de bajón o aquellas donde una no puede pegar el ojo. Entonces lo mejor es ponerse a escribir, a leer o lo que sea. Como ahora por ejemplo. Ahora estoy esperando al delivery de helado. Un cuarto de chocolate amargo y dulce de leche tentación para matizar el momento y no dejarse apabullar por el noctambulismo. Y si no puedo pegar un ojo después de eso, entonces me voy a un bar, que por aquí también abundan. A compartir mi noctambulismo con otros socios de la noche. De esos que duermen de día y viven de noche. O de esos que duermen poco. Yo no tengo ese problema. La verdad es que duermo bastante bien. Las horas que tengo que dormir. Eso sí, por las noches suelo desvelarme, pero duermo por las mañanas hasta tarde. Y si no, recupero el fin de semana y ya está. Duermo todo el sábado o todo el domingo, que para eso están.
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